La especialista asegura que “todo lo que expresamos, ya sea en danza, teatro, escritura, deporte o incluso en una sesión de psicología, nos libera y nos transforma”
Por La Nación
La creatividad es un don, una cualidad y un manantial de energía que da riqueza y sentido a la vida. Es una fuerza transformadora que fluye en cada persona de un modo único: a veces como un río tranquilo, otras como un volcán en erupción. Es un camino de autodescubrimiento, de escucha profunda a esos anhelos que brotan desde el alma y que nos impulsan a descubrir quiénes somos realmente.
En mis talleres suelo decir que la creatividad es como una semilla. Dentro de cada uno de nosotros existe un tesoro oculto: una fuente de talento, intuición y sabiduría que espera ser descubierta y desarrollada. Pero para que esa semilla crezca, necesita ser plantada y cuidada, aún a riesgo de enfrentarse a las adversidades. Dejarla guardada en su cáscara la protege, pero también la condena a la inacción. Plantarla, en cambio, abre la posibilidad de desplegar flores, frutos y, eventualmente, nuevas semillas.
La creatividad no se limita al arte, aunque el arte sea uno de sus canales más potentes. Todo lo que expresamos, ya sea en danza, teatro, escritura, deporte o incluso en una sesión de psicología, nos libera y nos transforma. Cuando reveo el camino transitado, se vuelve claro lo entretejido que está mi avance plástico y creativo con la enseñanza. Quizá por eso me siento tan a gusto compartiendo experiencias, certezas adquiridas a lo largo de mi camino.
Para mí, el arte es eso: una chispa que moviliza internamente, que nos hace vibrar, que nos da piel de gallina. Es un lenguaje universal que conecta corazones y despierta almas. He sentido esa chispa en una obra de teatro, en un libro, en una película, incluso en la naturaleza. Y me emociona ver cómo, a través del arte, mis alumnos descubren su propia chispa y empiezan a crear, a soñar y a transformarse.
La creatividad está en todos nosotros. Es un don que nos libera, que nos hace únicos, como el amor. Cada día es una oportunidad para desplegarla, para vivir plenamente, para plantar nuestra semilla y ver cómo florece. Si estás leyendo estas palabras, te invito a explorar ese tesoro interior que llevas contigo. No hay mayor regalo que descubrirlo y compartirlo con el mundo.